Dios ama a los enfermos por igual

SALUD Y BIENESTAR

Diego Cornejo

2/29/20242 min leer

En un mundo que a menudo se enfoca en la velocidad y el progreso, es fácil pasar por alto a aquellos que enfrentan el final de sus días. Sin embargo, en febrero, el Papa Francisco nos recordó la importancia de detenernos y dirigir nuestra atención y nuestras oraciones hacia aquellos que enfrentan enfermedades terminales y hacia sus familias.

El llamado del Papa a rezar por los enfermos terminales no es solo un gesto piadoso, sino un recordatorio profundo de nuestra humanidad compartida y de la necesidad de compasión y apoyo en momentos de vulnerabilidad extrema.

En medio del dolor y la incertidumbre, tanto los enfermos terminales como sus seres queridos enfrentan una carga abrumadora. Desde el punto de vista médico, se requieren cuidados especiales y comprensión de las necesidades físicas del paciente. Pero más allá de eso, existe una necesidad igualmente importante de apoyo emocional y espiritual.

En la fe católica, encontramos consuelo en la creencia en la presencia amorosa de Dios en nuestras vidas, incluso en los momentos más difíciles. Al dirigir nuestras oraciones hacia los enfermos terminales y sus familias, estamos invocando la gracia divina para que los acompañe en su camino, brindándoles fortaleza y consuelo en su sufrimiento.

La Virgen María, madre de Jesús, es un símbolo de compasión y amor maternal en la tradición católica. Encomendar a los enfermos terminales a su intercesión es encontrar consuelo en la certeza de que una madre amorosa está velando por ellos en su hora de necesidad.

Jesucristo, quien compartió nuestra humanidad y experimentó el sufrimiento en carne propia, es nuestro modelo de compasión y redentor de nuestros dolores. Al unirnos en oración por los enfermos terminales, estamos siguiendo el ejemplo de Jesús al mostrar amor y compasión hacia los que sufren.

San Óscar Romero, arzobispo mártir de El Salvador, es un ejemplo inspirador de solidaridad con los más vulnerables y oprimidos. Su vida y su martirio nos recuerdan la importancia de estar del lado de los que sufren y de luchar por la justicia y la dignidad de todos los seres humanos, especialmente en los momentos de enfermedad y debilidad.

En última instancia, rezar por los enfermos terminales es un acto de fe que nos invita a confiar en el amor y la misericordia de Dios, incluso en medio del sufrimiento y la incertidumbre. Es una expresión de nuestra creencia en que, incluso en la oscuridad, la luz de la gracia divina brilla con fuerza, ofreciendo esperanza y consuelo a aquellos que la necesitan desesperadamente.

Así que, este mes de febrero y más allá, unámonos en oración por los enfermos terminales y sus familias, confiando en que nuestras súplicas serán escuchadas y que el amor de Dios los acompañará en cada paso de su viaje. Que encuentren consuelo en la intercesión de la Virgen María, fortaleza en el ejemplo de Jesucristo y inspiración en el testimonio de San Óscar Romero. Amén.